Carmen Martn Gaite es una escritora que me encant en Entre visillos, me pareci sostenible en Lo raro es vivir y me ha decepcionado con Caperucita en Manhattan. Podramos excusarla diciendo que se trata de un libro destinado para un pblico infantil o juvenil (cosa que creo que no es del todo cierta) o simplemente que no es su mejor obra y punto. Seguramente se trate de esto ltimo.
La obra es de ritmo lento, aunque fcil de leer. Sus personajes principales estn basados en el cuento tradicional de Perrault o de Grimm; a saber: tenemos una caperucita, vestida de rojo y todo, que aqu se llama Sara Allen y no vive en ningn paraje idlico, sino en Nueva York. No tendr que cruzar ningn bosque para ir a casa de la abuelita, ms bien atravesar Central Park y, como no, all se encontrar con el lobo, encarnado aqu por Mister Woolf, el dueo de la pastelera ms importante de Manhattan, el cual tiene un grave problema en su negocio: no consigue hacer la tarta de fresa perfecta. La solucin pasar por la abuelita de Sara Allen, que tiene medio perdida una receta ideal en un cajn. Esta abuela se llamar Rebeca, aunque de joven fue cantante y su nombre artstico era Gloria Star. La abuela encarna todos los ideales que a la nia le parecen apetecibles: vive libremente, sin complejos, despreocupada y con un amplio concepto de la vida.
La madre de la nia (la hija de la abuelita) es una seora reseca, metdica, hiperpreocupada por todo, que no deja en paz ni a su madre, ni a su hija, ni a su marido. Cada sbado hace una tarta de fresa con la receta tradicional, coge del brazo a la nia y va a casa de la abuelita a merendar, mientras deja una nota al marido avisndole de su acostumbrada ausencia. Estos metdicos viajes aburren muchsimo a todo el mundo, menos a esta mujer, por supuesto. 
La nia se siente, pues, ms identificada con su abuela que con su madre, as que, una tarde de sbado en que la madre est fuera a causa de un entierro, la nia coge la dichosa tarta y se va sola a casa de la abuelita. En el metro se baja en la parada de Central Park y all se queda atemorizada un instante hasta que se encuentra con otro personaje de la obra: Miss Luntic, una mujer mayor, vagabunda, muy conocida en la ciudad, que le acabar de mostrar el camino de la libertad a la chiquilla. Y as es, porque esta mujer es ni ms ni menos que Madame Bartholdi, la madre del escultor alsaciano que dise la famosa Estatua de la Libertad usando como modelo a su propia madre. En un alarde de fantasa propio de los cuentos, Martn Gaite nos sita este personaje misterioso y ms que centenario aqu, para guiar en sus sueos a Sara Allen. Las dos compartirn el secreto de que Miss Luntic es quin es y que vive en la propia estatua comunicndose con Manhattan mediante un misterioso y mgico pasadizo secreto, del cual dar la llave de entrada a Sara. 
En tanto andan por Central Park, aparecer Mister Woolf, empresario hurao y solitario, que conoci de joven a la abuela de Sara y se enamor de ella. Prueba la tarta de fresa, le parece la ideal y pide a la nia la receta. La nia, ingenua, le mandar a casa de la abuelita, mientras ella cree cumplir otro de sus sueos pasendose en limusina por Manhattan...
Tenemos, pues, todos los ingredientes del cuento tradicional servidos... Pero el lobo no se comer a la abuela, el lobo no es tan malo, simplemente est solo. Caperucita (Sara) al principio parece buscar la manera de ser feliz, de no encasillarse en el mundo rgido de su madre, pero acaba, para mi gusto dejndose llevar por las tonteras que le cuenta una ta loca que dice ser la Estatua de la libertad en persona y pone en verdadero peligro a su abuela al mandarle a su casa un desconocido. S que es una visin particular y s que me salgo de la fantasa propia del cuento, pero es que, bajo mi punto de vista, los personajes son superficiales y muy poco perfilados, por lo que es fcil que te canses de la chchara improductiva de la nia con Miss Luntic o de la nia con Mister Woolf, o de la narracin cansina y un tanto pobre de recursos que despliega en este libro la autora. 
En definitiva, tenemos aqu una nueva versin de un clsico. Est bien como experimento, pero si queremos leer Caperucita, vaymonos a los dos cuentos de toda la vida; y si queremos leer a Martn Gaite, dejemos este libro a un lado y busquemos entre los muchos otros que tiene publicados. Con ambos cambios, bajo mi punto de vista, saldremos ganando como lectores. 