No quiero plagiar nada, simplemente quera que leyeseis lo que mas me ha gustado de EL MANUSCRITO CARMES. Se que Gala es difcil de leer, pero todos sus libros tienen mucha miga. Tomad asiento o mejor, copiarlo porque esto tiene para rato. Son 10 hojas enlas cuales he anotado la pag. en la que he copiado sus frases.

-Pag 28

Nadie sobrevive a la tarea para la que naci: todo fue enrasado y medido previamente.
-Pg. 67

Todos los humanos, slo por serlo, tienen tanto en comn que las diferencias me parecen mnimas.
-Pg. 74

La verdadera felicidad no est en tener sino en ser y en no necesitar.
-Pg. 88

El harn esta lleno de mujeres. Todas son bellas de algn modo. Pero a Soraya ninguna es comparable. se es su merito. Slo vindola puede comprenderse. Es como un palacio, cuya fachada es tan hermosa que uno no aspira a llegar ms que al umbral, y se queda ante ella perplejo y deslumbrado, satisfecho de que lo dejen estar all, casi saciado ya.
-Pg. 90

No me entender quien tenga junto al suyo un cuerpo de hermosura domstica y trivial, de una hermosura subjetiva, agradable y afrodisaca; slo quien se haya inclinado y bebido en la abrasadora fuente de la belleza: la belleza absoluta, que disculpa cualquier guerra, cualquier crimen y las mayores injusticias; la belleza por cuya posesin los hombres son empujados a perder o a quitar el honor y la vida.
-Pag 126

El principio de toda pericia es tener claro que se sabe lo que de veras se sabe, y que se ignora lo que de veras se ignora.
-Pag 127

El amigo mejor no es el que te acompaa en la adversidad, sino el que te impide incurrir en ella.
-Pag 157

Fue cuando me enamor por vez primera, si es que aquello era amor, o si es que ha habido otra, o si es que uno no se enamora siempre por primera vez. No tuve suerte, ni creo que sea una suerte enamorarse. En el amor hay siempre un amo y un esclavo. Ahora s que la vida no es esto, ni aquello; ni mi vida, ni la de otro cualquiera, sino un todo, y cada uno ha de responder de ese todo, que es lo que la hace avanzar. Sin embargo, entonces yo solo tena ojos para mi amor. Los tena vueltos hacia el interior, de modo que me era imposible fijarlos en otro sitio que en mi propia herida por la que respiraba. 

Cuando uno ha llegado al amor, bueno o malo, y ha bebido y jugado con l, y ha sido acribillado por l, y alguna vez se ha redo, por sorpresa, mientras conviva, adnde ha de mirar?

Hoy no estoy ya seguro de que el tiempo transcurra y de que no seamos nosotros los que en l nos movemos con torpeza. Quiz me conviene pensar as, no s. Hay momentos que, si se intenta repetirlos o volverlos a gozar y sufrir, aunque sea slo en el recuerdo, desaparecen por completo como si no hubieran existido jams.
El amor, aunque yo tard mucho en darle nombre, se derram como un perfume por mi vida, llenando das, meses, aos, de su olor; impregnando cada pliegue de mi ropa, cada sonrisa, cada tristeza ma; tindolo todo con sus tonos de flor o de llaga; apartndome y desinteresndome de cuanto no fuera l: trastornando las perspectivas y las formas; convirtiendo en esclavo al amor y viceversa. Porque cada amor luego lo he aprendido- trae su propia dicha; pero a la pesadumbre de un amor se aaden las pesadumbres de todos los amores. Qu injusto es eso. Las heridas cicatrizadas vuelven siempre, despacito, a sangrar. Y aquel primer amor no ha dejado de dolerme todava.

De la nada brot, de una tranquila noche. De la nada brot, de una maana clara. Quin podra decir el instante preciso en que empieza a tramar sus telas de araa el destino?
-Pg. 162

Sent una punzada que no haba sentido nunca antes, y una devastadora ira tambin. No era amor, desde luego. O era amor?
-Pg. 165

Retroced de pronto todo lo que por la senda del olvido haba adelantado. Hube de ocultar un temblor que me sacudi de arriba abajo.

-Si quieres, te amar. T eres quien manda.

-Es que no deseo que me ames porque yo sea quien manda.

-Cmo entonces, seor?

-Como yo te amo a ti. T eres mi pan de Egipto.

-Qu es eso?

-Un pan por el que se pasa la noche entera en vela, y no puede comerse.

-Pues cmeme, seor.

-No, as no. Yo quiero ser tambin tu pan de Egipto.

-El pan hay que amasarlo antes, y echarle levadura, y cocerlo, y esperar que se enfre.

Tena razn. El que no ama siempre tiene razn: es lo nico que tiene. Me desped de l y me promet apartarlo de mi corazn y de mi mente. Fui incapaz de cumplir mi promesa.

Nada hay ms sencillo que poseer un cuerpo, y nada tan complicado como poseer un alma: un alma que ni siquiera se niega a ser poseda, sino que simplemente est mirando hacia otra parte.
-Pg. 167

Lo llev conmigo sin decir una palabra. Y lo tuve. Lo tuve? l respondi con cario y docilidad a mis caricias. Me entreg cuanto poda entregarme. Pero como lo de Soraya, lo suyo no era amor y no lo iba a ser nunca. Era dejarse poseer por mi ansia igual que se deja comer el pan. Pero para m sera siempre el pan de Egipto.
La soledad del que est solo no es la peor, porque an le queda la esperanza; pero a la soledad del que est acompaado por quien no le corresponde, slo le queda la desesperacin. El amor seguramente no es ms que  un deseo, y el placer seguramente no es ms que el alivio del dolor que ese deseo nos produce; pero cuando el deseo no se sacia, sino que se multiplica, el dolor , en lugar de calmarse, crece hasta hacerse irresistible. Es una hidropesa en la que el agua da ms sed; en la que se bebe a conciencia de que es en vano todo, y de que hasta el beber es ya tambin un dao, quiz slo inferior al que nos producira el no beber.
Maravllate del que siente que le arden las entraas

Y se queja de sed, teniendo el agua fresca en la garganta.
Pg. 168

Yo supe hasta qu punto el hombre disfruta de un espejismo de libertad y de enajenacin. El hombre jams alcanza aquello que ms quiere: nunca se toca el horizonte.

Lo amaba y lo odiaba con igual fuerza al mismo tiempo.

Provocaba en m un ofuscamiento que no me permita pensar en otra cosa. Lo echaba de menos como al aire mismo y cuando lo tena junto a m, lo echaba de menos ms an.
Pg. 170

El corazn humano se defiende con su propia insensatez.

-No hay nada en este mundo, ni en el otro, que valga lo suficiente como para apartar a un hombre de su destino.

El enamorado necesita engaarse para seguir sufriendo y necesita sufrir para seguir engandose. Sano est quien olvida.
Pg. 172

En la cancin, lo mismo que en la vida, la alegra y la tristeza son una sola cosa. El deseo despierta el hambre del pan que no lo sacia.

Slo me guo por la luz de tus ojos, que no s adnde me conduce, ni si me orienta, o me extrava.

Fuera, llueve. La noche da de beber a los jardines, lo mismo que t a m. Si a pesar de mi herida, tarda en fluir la sangre, no me culpes: tus ojos secaron, cuando llegu, mi corazn.

El amor no es un huerto, ni un palacio. Ni es la gloria, ni el oro, ni el olor de las flores. No es la puerta del Paraso, ni la cancin risuea de los das felices, si es que hubo alguno. El amor no es un oasis, ni una torre de plata, ni una alegre palmera en medio de la noche.

Voy hacia ti igual que quien camina de espaldas y tropieza. Te miro, y eres como arena en mis ojos; te toco, y se desprende de mis dedos la piel. Al verte comprend que mi amor no iba a ser ms pequeo que yo. Y yo soy mucho ms grande que t, amigo mo, porque te llevo dentro y no puedo encontrarte.

En ti se alan la hermosura y la fuerza. Contra m, contra m. Aqu no es el dolor quien gime, sino el gozo; ni el odio tiraniza, sino slo el deseo.
Pg. 179

El ser humano, cuando trata de justificar decisiones errneas, acostumbra acudir a argumentos de tejas para arriba implorando el auxilio de sus divinidades.
Pg. 182

Casi extraviada mi razn y extraviada sin casi mi razn de vivir.

Los hechos jams dependen de los hombres, aunque ellos as prefieran creerlo.
Pg. 188

Al hombre le gusta hacerse la ilusin de que es poderoso y de que es libre. No me sent ni libre ni poderoso en aquella suntuosa maana. Y no slo en aquella maana; quiz no lo fui nunca, ni nunca lo sera. Ni deseaba serlo Acaso nadie lo desea de veras, y se conforma slo con la ilusin, ms llevadera que la realidad. Y acaso, lo que es peor, el hombre acta bajo esa misma confusin que l se provoca.

Las flores son la sonrisa de Dios, la mejor prueba de su bondad; la belleza que, al ser superflua, es doblemente bella. Quiz se nos anticipan como testigos de los colores que tiene el Paraso. Ellas son el nico testimonio indiscutible de que podemos tener esperanza. Me pareci imposible que, por vivir mejor aunque ignoremos qu sea lo mejor-, seamos capaces de perder la vida.
Pg. 201

Estoy preso. No hay palabra en que quepa mayor desolacin; quien no lo haya estado, no podr comprenderla.

Que mi voluntad y mis ojos tengan un asidero en que fijarse, y acaso mi esperanza: no s qu ser de m si se desangra.
Pg. 204

Vivir no es slo no morir, es mucho ms. Si fuese no morir, se reducira a algo precario y negativo, y para m debe de ser positivo y flamgero: es su ardor y su refulgencia lo que distingue la vida de la muerte. A la muerte yo no la temo sino como ausencia de lo que entiendo por vida plena, no una respiracin o un simple pensamiento. Si se ama la vida, hay que estar dispuesto a morir por ella. Antes de perder nuestra forma de vida ms nos vale morir.

Dios no grava a ninguno por encima ni ms all de su capacidad, acaso tal promesa la hizo 

Dios un da en que no se le ocurri otra cosa ms alentadora. Hoy no puedo creer sinceramente en ella.

Hablamos con ligereza de la vida y de la muerte; pero qu conocemos de una ni de otra? Son las caras de una misma moneda, y nuestro tesoro se reduce a esa sola moneda. Oscilamos entre las dos reinas absolutas, de colores distintos, que nos gobiernan. En la vida, al menos, residimos pero qu sabemos de la muerte?

Se hallan tan abrazadas vida y muerte que es arduo decir hasta aqu o desde aqu픅

O quiz es que esas mortales agonas eran precisamente la expresin ms intensa de la vida? Acaso la desesperacin es cosa de ella y la desesperanza, de la muerte. Pero no es desesperanza lo que ahora mismo siento? No estar muerto de alguna forma ya?

Los miro como el enamorado mira, en cada despertar, los ojos de quien ama; porque, segn ellos, as ser la luz del da que se inicia.
Pg. 207

Hay momentos en que de tal modo se me hace presente el cuerpo de Moraima, su carne morena y armoniosa, su calor casi sonoro, que, si cierro los ojos, podra acariciarlo.

Y me asaltan tambin recuerdos muertos no, los recuerdos no mueren; muere quien los suscita- con la misma vigencia, o acaso mayor, que los vivos recuerdos de los vivos. Est muerto Jalib. Me anonadan con impaciente vigor las memorias mezcladas y confusas, pero tan netas que percibo con infinita exactitud a pesar de las brumas con que el amor envuelve los sentidos cuando nos enajena- la leve yema de un dedo, una oreja con su mrbido lbulo, el deleitoso pezn de un pecho, un lunar en la espaldaLa memoria de cmo se deslizan las manos por el cuerpo desnudo de quien se ama; de cmo, bajo sus manos, se muere y se resucita: desde los muslos hasta el cuello, desde la nuca hasta los muslos, por los hombros, por los tensos costados, por el clido rincn de las axilas, por los surcos que se entreabren entre los pecho o entre las nalgas.
Pg. 208

Qu raro que un feliz pierda el tiempo en pensar que lo es; porque la felicidad quiz consiste en una paralizacin del raciocinio o en un sopor, o en un instantneo alivio de la razn. O quiz el ser que fue feliz permanece todava all donde lo fue, abandonado a su ventura por quien dej de serlo. No he gozado conscientemente de la felicidad ni una sola hora; porque cuando estuve a punto de reconocer que la tena, me invadi tal pavor a perderla que la perd sin ms.

Puede el ser humano luchar con uas y con dientes por algo tan gratuito como la felicidad?
Pg. 209

En cualquier caso, se hable de lo que se hable, la felicidad es siempre otra cosa, u otra cosa adems. Muy de vez en cuando al ms afortunado le llega su perfume, pero slo cuando ella dej de estar presente.

Desde esta inmovilidad recorro ahora, entre vrtigos, los instantes prximos a la felicidad que desperdici por aspirar a algo ms, como si hubiese algo ms alto. Y, cmo rectificar los errores que el pasado ha convertido en piedra? De equivocarnos no acabamos nunca, porque el hombre no slo no recibe enseanza ninguna de los otros, sino que ni siquiera aprende de s mismo.
Pg. 210

Dicen que el amor tarda en olvidarse el doble justo del tiempo que dur.
Pg. 212

Por eso te echo de menos en esta hora acongojada en que alargo la mano y no te toco.
Pg. 221

Si hubiese slo un Dios, nuestras rencillas en su nombre no le importaran absolutamente nada. O quiz, percibira mucho mejor que nosotros que nuestras rencillas nunca son de verdad en nombre suyo, sino slo en el nuestro
Pg. 227

Yo soy el rey de Andaluca: ni pude desear ms, ni puedo contentarme con menos.
Pg. 230

Quin me juzgar por lo que nunca podr hacer? Slo tuvo una seguridad: la de que lo nico que reclama cualquier sangre es no ser derramada.
Pg. 232

Un ideal no es nunca un sueo. Cierto: un ideal es una realidad perpetuamente desvelada, la realidad ms insomne de todas.

Si hay varios dioses, es que no hay ninguno. Y si hay uno slo y eso es lo que vosotros y nosotros creemos, es que ser el de todos.
Pg. 234

El aire denso y clido como una alcoba en que se ama, y la llave radiante de la vida.

Yo respiraba despacio el aire santo, y casi me ahogaba el respirarlo, igual que si estuviese respirando alguna agua bendita que me preservase del dao y de la ltima muerte.
Pg. 236

El progreso a veces es el regreso. El hombre puede elegir o debe resignarse a ser el elegido? Somos lo que hemos ido siendo; no lo que fuimos, ni lo que aspiramos an a ser, ni tampoco lo que aparentemente somos. Nuestra realidad es el resultado de cuanto se construy y se destruy y se reconstruy; el producto de innumerables iniciativas y de fracasos innumerables.

Andaluca, liberada mucho tiempo antes de caer en la esclavitud.

Muy pocas cosas hay perennes, y pocas tan efmeras como nosotros mismos. Se aprende muy deprisa que ni siquiera la muerte es duradera.
Pg. 241

A lo que aspiro es slo a entretener mis das vacos y a no desesperarme esperando contra toda esperanza.
Pg. 243

Pocas enfermedades hay tan contagiosas como la esperanza; quiz la desesperacin es una de ellas.
Pg. 245

Los tiempos cambian, se nublan, corretean o cambiamos nosotros, y el tiempo nos mira inmvil transcurrir-, y cambian las ciudades de dueo y de destino, o nos parece a nosotros que cambian, porque nuestra vida es breve al lado de la suya. Qu relativo es todo: para la rosa, el jardinero que la cuida es eterno; para el jardn, efmero. Aunque quiz el destino sea siempre el mismo: sentirse triste y solo un poco antes de morir.
Pg. 249

Qu puede hacer un pueblo sino seguir de pie, sino intentar seguir de pie mientras dure la vida?
Pg. 271

-Ay qu mal saben la Historia los que no la han vivido; ni quienes la vivieron la saben como fue.

La vida es como un borracho cogido a nuestro brazo: anda a tumbos y nos empuja a donde no queremos ir


Pg. 277

Senta la soledad como un dolor desacostumbrado e insufrible que no se amortiguaba.

El hombre es un animal como los otros que, si piensa suficientemente, deduce que es un animal como los otros: sa es toda la diferencia. Lo que pasa es que el hombre no piensa suficientemente casi nunca.
Pg. 285

Sobradas penas tiene el hombre como para incrementrselas con el helador concepto del pecado, que otros se creen con derecho a perdonar o castigar aqu. El pecado personal, si es que lo hay, tendra que diagnosticarse en el interior de cada cual.

Pero yo me pregunto qu religin tiene derecho a juzgar y condenar, ni aun a pensar que existen, los pecados de amor.

 

Pg. 294

Pero a m quien me elev fue tu amor slo. Y me elev ya para siempre. Por mucho que a ti te parezca haber cado, yo no caer jams. Aunque dejases de amarme, nunca me podras arrebatar el privilegio de haber sido ya amada.

El amor es este triunfo, esta valiente reciprocidad que no exige sino aquello que se le da; que dice s cada maana y se apresta a pasar el da, pendiente de quien ama, del modo ms jubiloso que le sea posible.
Pg. 298

El da y la noche, sin ti, sern la misma cosa; sin ti, la vida y la muerte son iguales.
Pg. 302

Sin cesar recorro con mis ojos los cielos, por si viese la estrella que t ests contemplando. A los viajeros de todas las tierras les pregunto por si alguno hubiese aspirado tu fragancia. Cuando soplan los vientos, les ofrezco mi rostro por si ellos me trajesen noticias tuyas. Por los caminos yerro, sin objeto ni rumbo, por si escucho una cancin que me diga tu nombre. Furtivamente miro a todo el que me encuentro, por si atisbo en alguno un rasgo que recuerde tu hermosura.

Quisiera rajar mi corazn, meterte en l y volver a cerrar despus mi pecho, para que estuvieses all, y no habitaras en otro, hasta el Da del Juicio y la Resurreccin. As vivirs en m mientras que yo existiera, y, a mi muerte, moraras en el fondo de mi corazn iluminando las tinieblas del sepulcro.
Pg. 382

Porque nada se olvida, pero no era el momento para recordar.

Me pareci mentira que cuando hubo entre l y yo y cuanto pudo haber, se terminara as: como un galope que se pierde entre la oscuridad.
Pg. 384

Mi corazn reclamaba sus derechos: echaba de menos, en contra de mi propia voluntad, los hermosos e inaplazables cataclismos del amor.

En ellos hay, la perenne palpitacin que es seal de la vida.
Pg. 385

Quiz  ah resida el secreto de esta ciudad corporal y sumergida, llamada a desaparecer desde antes de existir, como el amor. Como el amor, algo delicado y efmero donde jams se sabe qu escoger: si la frgil materia o su remedo. Qu es lo que nos sostiene: el sentimiento o el presentimiento? O quiz su recuerdoPorque en mi vida y en la Alambra, lo real se ha hallado siempre ms distante que el reflejo de lo real. La vida y el amor son slo acaso el agua que espejea, la luz que tiembla; y ese espejeo y ese temblor son menos inasibles que lo que est al alcance de la mano

As me despeda de cuanto haba amado. Quiz tambin de cuanto poda amar.
Pg. 386

El consejo de cualquiera no es provechoso para los amantes; no es el amor un torrente que cualquier mano pueda detener.
Pg. 389

Y comprend por fin, sin que mi mente lo comprendiera, que luchar contra la imposibilidad no es ni vano ni intil. S que no he explicado lo que pas por m; pero tambin s que quien se encuentre en circunstancias semejantes lo entender, incluso no necesitar que nadie se lo explique; y quien no, no lo entender nunca.
Pg. 404

T eres mi rey en todos los sentidos. Junto a ti he recuperado con creces cuanto me haba sido arrancado. Te pertenezco, seor.
Pg. 410

Mejor es morir de una vez, que vivo, morir muchas.
Pg. 455

Aqu me dije- am y no me amaron, y luego am y me amaron, inhibido de las ruinas cuyos escombros hoy me ahoganNingn amor sustituye a otro amor.
Pg. 472

De la unin de dos cuerpos, ha brotado una fascinacin inolvidable; pero en el amor uno de los amantes pierde siempre 

El alma de un pueblo es algo que no puede morir; puede ocultarse como se oculta una rosa, o secarse como una rosa, pero permanece como permanece su olor.
Pg. 491

Si la muerte le proporciona al hombre la sabidura de que carece, supongo que ellos me habrn justificado y me recibirn cuando llegue mi hora. Si la muerte no perfecciona al hombre, dar igual, porque ellos continuarn siendo tan escasamente virtuosos como lo fueron. Si la muerte es el paso a la nada, nada seremos todos, ellos y yo. Quiz esto ltimo sea lo preferible; incluso lo probable.
Resucitar no es imprescindible para quienes, por sus actos, an viven en la memoria de sus agradecidos; es la mejor manera de inmortalidad que reconozco. Quiz la vida n ose extingue jams, sino que se transforma, irisada y ubicua.
Pero el hombre, que no entiende casi nada ms que su propia vida y eso, apenas-, a lo nico que aspira es a resucitar para volver a ella. Cunta es su pequeez y, sin embargo, qu ansia de perdurar. De perdurar l mismo, siendo el mismo, en vez de confundirse con la naturaleza, que es la gran madre que no da explicaciones, porque, aunque las diera, resultara inexplicable. Ella es el manantial y ella es el mar. No es cruel, ni piadosa.
Pg. 492

La felicidad consistira en atenerse a su insignificancia, y hacerse cargo de ella; en usar la razn para crecer, para multiplicarse y alegrarse, para ruborizarse y sonrer. Pero, no: el hombre se hincha y se enmascara; desea aparentar ms fuerza y un tamao mayor
Vanidad, vanidad. Como si nuestra forma de vida fuese toda la vida; como si los astros incontables fuesen un lujo e nuestro artesonado. Cunta necia soberbia. Y viven convencidos de que el exterior entero los acata, y el exterior no sabe ni que existen. Cunta jactanciosa insistencia en permanecer siempre.
Pero nosotros no queremos slo eso: queremos perdurar, y perdurar en la felicidad. Es decir, queremos ser precisamente dioses.
Pg. 493

Si hoy presto odos, escucho una msica que viene de muy lejos, del pasado tambin, de cuando ha muerto, de horas y signos distintos de los de hoy, y de otras vidas. Quiz la nuestra y nosotros mismos no somos otra cosa que ella- no sea ms que tal msica. Porque todos fuimos alguna vez mejores, o ms felices y ms dignos. No obstante, toda msica cesa. Hasta en nuestro recuerdo toda msica cesa.    Boabdil
Pg. 514

Granada pens- es para m lo mismo que fue Jalib: alguien a quien se ama y que se deja amar, pero a quien le es imposible correspondernos.

Pg. 528

Aparece la vida o aparecemos nosotros en la vida- y luego, contina sin nosotros. De ah que hoy, pese al sentimiento de fracaso que me impregna, esta intensa maana yo me sienta comprometido a or y a ver y a acariciar a vivir, en una palabra-; porque con mis ojos y mis odos y mis manos, ven y oyen y acarician los que llamamos muertos acaso desacertadamente. Otra limpia maana vendr, y yo ya no estar. Estarn estos libros y algn otro lector. Y yo ver por medio de sus ojos, y escuchar la armona del mundo por  medio de sus odos, y acariciar el aire azul y gozoso con sus manos. Para m entonces, dormido sin remedio, se rendir y se consumar la impetuosa carrera de la vida: la carrera que hoy me toca a m seguir en el puesto de quienes antes la corrieron.
Pg. 543

Ningn hombre razonable conocer nunca el xtasis que cabe en la cabeza de un borracho.
Pg. 552

Cmo no voy a entender que el mundo sea una esfera, y que este hemisferio de la felicidad, al que he llegado desde el de la desdicha, es un regalo que slo la mano de Dios puede dispensar?

Si hoy he escrito estas lneas es porque me ha asaltado el pavor de perderlo. De que lo tuve, quede constancia aqu.

Las alegras sobrecogen ms que las penas al desacostumbrado corazn de los humanos.
Pg. 554

Quiz a quienes no son malos y el hombre no lo es en general, sino slo egosta-, contemplar la felicidad ajena los incline a la suya.

La Naturaleza es aqu una familia incalculable, todos cuyos miembros se asemejan y conservan entre s el aire comn que siempre caracteriza a los hermanos. 

Slo el hombre parece ser ajeno, como un usurpador sobrevenido que no hubiera encontrado su puesto verdadero, y l mismo se excluyese. Qu ramos sino eso nosotros, cazadores, infringiendo las normas no escritas de la vida?

Todos estamos condenados: vosotros a permanecer, y yo a partir.
Pg. 560

Desde anoche s de cierto que el amor a la vida es lo que engendra vida.
Pg. 564

Farax y muerte eran las os palabras ms contrarias; ahora son una sola. Me reprocho no haberle confesado cunto lo amaba. Me reprocho no haberlo amado ms.

No se ausenta su rostro de mis ojos; no se ausenta su risa de mi odo. Hoy lo amo ms que nunca. Si estuviera en mi mano, empezara a creer en la eternidad con tal de recobrarlo.

Me ha golpeado tan e plano el filo de su muerte que juro que la ma es lo que ms deseo.
Pg. 565

Para llegar a la soledad no deseada, sino impuesta, pocos atajos tan directos como el dolor. Pero qu ambigua es esa palabra; tan ambigua como hablar por separado de alma y cuerpo.
Pg. 566

Al principio, el dolor atrae un ofrecimiento mayor de compaa, ms comprensin, ms amabilidad. Pero, si se prolonga, desanima y hasta a los acompaantes.

Para quien no lo siente, es incomprensible e inaccesible. l se apodera de un cuerpo y de un alma, y los envuelve, y los transporta a su lbrego reino.

Sucede con el dolor: no se entiende hasta que uno mismo es el doliente, inhbil para aprender o entender otro idioma, o acatar otras rdenes. Y aun as, ningn dolor es el mismo para todos, ni jams se repite.

El dolor (por eso yo me aslo) es lo ms personal que existe
Pg. 567

No me encuentro con fuerzas para implorar ayuda. Ayuda, contra qu? Contra m mismo, porque este dolor no es que sea mo, es que yo soy slo l.
Pg. 570

La vida no es implacable; es comprensiva y misericordiosa; lo que sucede es que no la desciframos hasta despus. La vida slo exige ser vivida con ciega confianza y con gozo creciente.

sa es la primera y en el fondo, la nica obligacin de cada ser. Nadie est aqu para enriquecer la vida qu vanidad es esa?, sino para gozarla.

Si pierdes la desengaada y compasiva alegra de estar vivo, es que la muerte irremediable avanza, alma adentro, por ti.
Pg. 581

La vida es slo un cambio de sitio o de postura; tambin quiz, la muerte sea eso slo.
Pg. 582

No slo las cosas pudieron suceder de otra manera ayer, es que de verdad sucedieron de otra manera distinta a aqulla como la recordamos. Confundimos lo imaginado y lo vivido. Y es porque deseamos referir nuestra propia historia con nitidez, y nuestra historia fue ntida en muy cortas ocasiones.

La vida es, en efecto, una enrevesada continuidad de rupturas, un rumor de manos agitadas que nos dicen adis.

Vivir no es ms que estarse diciendo adis a uno mismo, mucho ms que al resto del mundo. Vivir es una soledad resonante de adioses. Tal es su nica meloda: una meloda que tratamos de no or
Pg. 601

El ser humano tiene una parte que pertenece a la indmita naturaleza, pero no tiene otra en que la contradice? El amor, que en apariencia nos empuja a engendrar otra vida, no mueve a los amantes a quitarse la suya en las mejores ocasiones? El nufrago que se ahoga es ms grande que el mar;  porque el nufrago sabe que se muere y el mar no sabe que lo mata.

 