Que nadie se llame a engao: lo que diferencia una buena novela de un texto vulgar es cmo est escrita. Resulta secundario que el argumento sea ms o menos imaginativo, que la trama est mejor o peor urdida, que los personajes resulten atractivos o que el lector se identifique con ellos. Si el autor narra su relato con buen estilo, podr, sin temor a defraudarnos, contarnos las historias ms absurdas, presentarnos los personajes ms inverosmiles y describirnos las situaciones ms descabelladas. Y esto es as porque la belleza es un fin en s misma, y nos basta para disfrutar de ella -al menos a algunos- con su mera contemplacin. Por ello, aunque slo fuera por placer de gozar de su hermosura, merecera la pena leer el Madame Bovary de Gustave Flaubert.
Sin embargo, una obra de arte que desee ser reconocida como un clsico universal necesita disponer de un slido fondo que le sirva de armazn para sostenerse a lo largo de los aos. El Guernica de Picasso tal vez no sea la mejor obra del autor desde el punto de vista de la tcnica pictrica, pero es la ms renombrada gracias a su poderosa significacin. Esta necesidad de la forma de dotarse de un fondo para atraer la atencin del pblico es mucho ms importante en la literatura, especialmente en la prosa, porque la lengua es el medio que tiene el ser humano de comunicar sus pensamientos, sus experiencias y sus emociones. Importa el qu nos dicen para despertar nuestro inters, y mantenerlo. Y lo que nos cuenta Flaubert sobre Emma Bovary sin duda le interesar a cualquier ser humano adulto que haya estado vivo alguna vez.
En efecto, Madame Bovary se ha convertido en un clsico universal tanto por esa escandalosa -para la poca- historia que nos cuenta Flaubert, que le supuso verse en los tribunales acusado por sus puritanos contemporneos de propagar la inmoralidad y corromper las costumbres, como por el precioso modo de relatrnosla. Forma y fondo se entrelazan en un todo que funde la belleza literaria con la ms universal y eterna de las pasiones del ser humano: el amor. Y es que Flaubert lo trata desde todos los puntos de vista desde los que puede ser sentido, sin someterlo en ninguna de sus vertientes a juicio moral alguno. El amor puede ser platnico e ideal, apasionado, despreciado, prostituido, correspondido y traicionado; puede proporcionar alegras infinitas y hacer sufrir a quien lo siente; puede dar y quitar motivos por los que merezca la pena vivir; puede, en fin, salvar nuestra existencia, o corromper nuestras almas y destruirnos como personas. 
Todas estas maneras de amar las experimenta Emma, la protagonista, herona trgica a quien le toca vivir un mundo para el cual no ha nacido. El papel que la vida le reserva como pequea burguesa de provincias en la Francia de la primera mitad del siglo diecinueve le queda muy pequeo a su espritu, ansioso tanto de los excesos romnticos que halla en las novelas como de los nuevos horizontes que haba abierto el Imperio napolenico, y que acaba de clausurar la Santa Alianza con la restauracin monrquica. Anhela la vida desenfrenada de Pars, la belleza de Italia y la pasin de un hombre que est por encima de los dems. Su corazn se exalta hasta el punto de rebelarse contra su vida anodina en un pueblecito de Normanda, a rechazar la mediocridad de su esposo y a saltarse las imprescindibles conveniencias sociales de su poca. Es Madame Bovary egosta? Sin duda. Es culpable, por ello? Yo no me atrevo a condenarla. No buscamos acaso todos, incluso los ms desinteresados, nuestra propia felicidad? 
El resto de personajes de la novela est ah nada ms que para proporcionar a nuestra querida y sensualsima Emma un entorno con el que relacionarse, aunque ninguno de ellos resulta superfluo. Su padre, su marido, su suegra, sus amantes, el usurero, el boticario, su criada, la nodriza, el resto de moradores del pueblo, todos, hasta el ms insignificante de esos secundarios perfectamente perfilados que cobran vida en la obra, sirven para moldear el carcter de nuestra herona y mostrarnos a travs de su relacin con ellos un aspecto diferente de su rebelde personalidad. Madame Bovary tiene una forma de ser magntica que atrae a todos los que llegan a conocerla. Y no hablo slo de los personajes que viven en la novela. Ya sea por s misma o por simple identificacin con alguno de sus compaeros literarios, el lector termina vindose cautivado, aunque no quiera, por la protagonista.
Flaubert fue un admirador del Quijote desde que lo ley a los diez aos, y no es difcil encontrar en la lectura de Madame Bovary claros paralelismos con la obra maestra cervantina. La pasin, rayana a la locura, que anima los actos de Emma, procede de los ensueos que halla en los libros, y esta pasin-locura la hace comportarse a contracorriente, dejando a un lado la razn para contravenir todas las reglas que la moral burguesa impona por aquellos tiempos. Aparentemente nos falta un Sancho que ponga el contrapunto racional a los devaneos de nuestra protagonista, pero no: est ah, oculto entre los otros personajes. Es un Sancho diferente, ladino y repulsivo, que termina triunfando por obrar sistemticamente de manera opuesta a Emma, y que lejos de acompaarla en sus aventuras, descubre toda la magnitud de su papel de contrapeso en la ltima lnea de la novela.
Desde el punto de vista de su contexto literario, Madame Bovary es un claro ejemplo de realismo francs de mediados del XIX. Para el autor fue, no obstante, el punto de inflexin clave en su carrera literaria. Los desengaos literarios de su apasionado romanticismo de hasta entonces le llevan a pasarse al extremo contrario -nueva demostracin de la ley del pndulo- y a predicar la impasibilidad del narrador a la hora de contar una historia. Es una frialdad estilstica aparente, porque los sentimientos que no se permite expresar de forma directa los transmite Flaubert al lector valindose de la perfeccin tcnica de su prosa. El autor utiliza con maestra los smbolos, las imgenes y las metforas para lograr sus propsitos expresivos, maneja con soltura los recursos de la lengua escrita, y llega incluso a inventar estilos narrativos. La trrida escena del carruaje en Rouen donde, desde el punto de vista formal, en todo momento se salvaguarda el pudor de forma impecable, el doble discurso durante los comicios agrcolas de Yonville, o la conversacin de las dos damas que observan la proposicin -indecente?- de Emma al recaudador son, sin duda, creaciones literarias geniales.
El realismo de Flaubert no busca por s misma la precisin histrica -que la tiene- sino, ante todo, la belleza. Est ms prximo al Rojo y Negro de Stendhal (punto intermedio entre el Romanticismo y el Realismo) que al naturalismo tozudamente empeado en el puntilloso rigor del dato histrico. Flaubert escribe con un estilo exquisito que, a pesar de que no lo hace inmune a las traducciones, s facilita su excelente consideracin fuera del original francs. En castellano, Madame Bovary es una novela estupenda que se lee del tirn a pesar de sus cuatrocientas pginas. La edicin de Austral, de la que quien escribe estas lneas se sirvi para acercarse a la novela, disfruta de una buena traduccin y de un prlogo interesante para quienes, tras leerla, quieran ms informacin sobre el autor y su obra. Por desgracia, las anotaciones durante la novela desentraan con demasiada frecuencia situaciones futuras que aparecen en la obra, por lo que un servidor aconseja desatenderlas durante una primera lectura.
A quin est dirigida Madame Bovary? Es difcil generalizar un pblico para esta obra. Gustar a quienes busquen una novela de amor apasionado, un relato de emancipacin femenina o un retrato de la anticuada sociedad decimonnica. Disfrutarn con ella quienes abran un libro por el mero placer de la lectura, es decir, por la bella disposicin y seleccin de las palabras. Y, desde luego, fascinar a los amantes de la buena literatura. Por algo se trata de un clsico universal.
Obviamente, doy mi recomendacin ms sincera.
A cuidarse!
N.

 
