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technology and (mis)education

Tecnología y el Sujeto (Mal) Educado

By Fernando Murillo

PhD in Curriculum Studies Program
Faculty of Education
University of British Columbia

Tecnología y el Sujeto (Mal) Educado

August 12, 2022
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“Se tú mismo!, todo lo que ahora haces, piensas y deseas no eres tu realmente”

Friedrich Nietzsche

“La información no es conocimiento…y sin la capacidad de juicio ético e intelectual – el que no puede ser programado en una computadora – la Era de la Información es en realidad la Era de la Ignorancia”

William Pinar, 2004, p. xiii

Durante las últimas dos décadas hemos sido testigos de la exacerbación de una actitud pragmática y tecnócrata que está permeando parte importante de nuestras vidas.

En una tendencia instalada por una aleación de instituciones políticas y económicas, junto a la entusiasta campaña de empresas computacionales para promover la “innovación” tecnológica, la educación ha terminado siendo resignificada como un proceso enfocado en la eficiencia y orientada al logro de objetivos predefinidos. Al priorizar puntajes, estandarización de lo que se enseña y se aprende y el forzar la relación pedagógica a estar mediada por tecnologías, la educación ha abandonado las preguntas de naturaleza existencial y, por ende, ha puesto en riesgo la vocación fundamental por formar seres humanos atentos a la substancia de la vida interior y sus movimientos.

Para William Pinar, cuando la educación se enfoca principalmente en asuntos de socialización y de procesamiento de información, ésta desvincula la experiencia vital de la práctica educativa, perdiendo toda significatividad para el individuo en tanto sujeto. Más aún, el descuido de la dimensión de la individuación – favoreciendo a cambio el uso de tecnologías – puede resultar no sólo perjudicial para el proceso formativo del sujeto, sino socialmente catastrófico.

Las herramientas y pensamiento tecnológico clausuran la delicada relación del ser y su circunstancia (utilizando los términos de Ortega y Gasset), o la experiencia consiente de ser y estar presente en el mundo.  

En el trance cautivador de las pantallas, la capacidad de pensamiento atento y juicio consiente se diluyen en un flujo superficial e incesante de “ideas” fragmentadas que demandan respuestas rápidas y acciones eficientes; la multiplicación de “soluciones” para problemas mal definidos.  El Holocausto, o las masacres de Hiroshima y Nagasaki – expresiones máximas del pensamiento tecnológico e instrumental – son ejemplos de la historia (in)humana que muestran hacia dónde lleva tal racionalidad.

En consideración de nuestra condición actual, la que algunos han descrito como deshumanizante, las posibilidades de nuestra propia reconstrucción y la de la sociedad no dependen en el desarrollo de computadores más rápidos ni del diseño de más y mejores aplicaciones, sino en nuestra habilidad para reconocer y trabajar personalmente con nuestra condición humana de manera educativa. Requiere estar en sintonía con aquello que hace latir el corazón, y con aquello que lo rompe.

La práctica del estudio es, para Dwayne Huebner, una protección contra las condiciones esclavizantes de la transmisión de conocimiento y las distracciones de la sobre-conectividad promovidas por la mentalidad tecnológica. Estudiar significa involucrarse en una práctica transformativa de uno mismo.  Conlleva trabajar en un viaje personal, entablando relaciones con el espíritu y la otredad más allá de uno mismo, y la búsqueda del camino a una plena realización de quienes somos en tanto sujetos particulares.

Un sentido similar se encuentra en Nietzsche (1965), en su llamado a despertar del estado ilusorio de una vida inerte enfocada a practicalidades, y a reconocer nuestra propia existencia en su singularidad, reconstruyendo nuestro “verdadero ser”.

De manera muy distinta a la “internalización” de contenidos y habilidades, o a la trágica reducción tecnológica del aprendizaje a la capacidad de reconocimiento de patrones, la práctica del estudio adquiere una forma de trabajo terapéutico, para el “desamarre de ataduras antiguas y el descubrimiento del nuevo ser [self]”, en palabras de Huebner. En su atención cuidadosa a la vida interior – junto a sus fragilidades, sufrimientos, deseos y esperanzas – el estudio es el involucramiento simultáneo del conocimiento académico con la experiencia vital. En tanto práctica de carácter ético y personal, el estudio no puede ser reemplazado ni “mejorado” por las tecnologías, las que por definición son ortopédicas, externas al ser en el mundo de la vida.

Dadas las condiciones presentes en que, al favorecer lo cognitivo y la estandarización, divorcian  al ser de su contexto, encontramos en el estudio una práctica que tiene el potencial para una muy necesaria reconstrucción de lo social y de la subjetividad, revitalizadas por preguntas de significatividad existencial.

Referencias

Huebner, D. E. (1999). The lure of the transcendent. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum.

Nietzsche, F. (1965). Schopenhauer as Educator. USA: Regnery/Gateway.

Ortega y Gasset, J. (1963). Meditations on Quixote. W. W. Norton & Company.

Pinar, W. (2004). What is Curriculum Theory? Routledge.

Pinar, W. (2006). Literary study as educational research: “More than a pungent school story.” In K. Tobin & J. L. Kincheloe (Eds.), Doing Educational Research (347-377). Rotterdam: Sense Publishers.